Pictor Mulier

En Saint Gallery, Ibiza, la directora de la galería, Irina Saint, me hizo una entrevista sobre algunos de los asuntos que atraviesan mi pintura: el deseo, el cuerpo femenino, la fantasía, el erotismo y la reacción que estas obras suscitan en quienes las contemplan.

Pictor Mulier en Saint Gallery Ibiza
Pictor Mulier en Saint Gallery Ibiza

La conversación fue breve, pero tocó cuestiones esenciales: por qué pinto mujeres desnudas, qué representa para mí el cuerpo femenino, si busco provocar al espectador y qué espero que ocurra cuando alguien se detiene ante un cuadro.
En este artículo recojo y ordeno esas ideas.

 

Irina Saints entrevistando a Pictor Mulier en Saint Gallery | C/ Madrid 6, San Antonio, Ibiza
Irina Saints entrevistando a Pictor Mulier en Saint Gallery | C/ Madrid 6, San Antonio, Ibiza

Lo hago como una forma de esclarecer el sentido de una obra que se mueve entre la sensualidad, la proyección de las fantasías, y la experiencia íntima de quien mira.

Qué me inspira a pintar mujeres desnudas

En la entrevista respondí con una frase deliberadamente simple: me inspira el deseo, el mío y el de las propias mujeres. No quise adornarla, porque en realidad ahí está el núcleo de muchas de estas pinturas.
El desnudo, en mi trabajo, no nace de una voluntad de escándalo, ni de una fría cita académica, ni de un mero ejercicio formal. Nace del deseo entendido como potencia imaginativa: una energía que no se limita al impulso erótico, sino que abre la posibilidad de encarnar una fantasía, una máscara, una versión intensificada de una misma.
Por eso el cuerpo femenino aparece en mi pintura no como un objeto mudo, sino como un territorio simbólico.

Cada figura contiene una tensión entre presencia física, imaginación y relato. La carne no cancela la idea: la revela. La desnudez no empobrece el sentido: lo expone.

Qué representa el cuerpo femenino en mi obra

También dije en la entrevista que cada cuerpo representa una fantasía, mía o de la propia modelo. Esta afirmación exige precisión. No significa que todas las obras respondan al mismo mecanismo ni que todas procedan del mismo imaginario. Significa, más bien, que cada cuadro tiene su historia y que el cuerpo pintado es, en cada caso, la forma visible de un deseo concreto.

A veces esa fantasía se formula desde lo mitológico. Otras veces, desde lo ritual. Otras, desde un mundo de sugestión más íntima, más delicada o más lúdica. Lo importante es que el cuerpo no lo represento como mera anatomía, sino como encarnación de un deseo de ser, de parecer, de jugar, de exponerse o de reconocerse.

En este sentido, la figura femenina me interesa porque admite una complejidad visual y simbólica extraordinaria. Puede ser a la vez vulnerable y soberana, sensual y mental, terrenal y fabulosa.

Medusa: erotismo, mito y singularidad pictórica

Una de las obras mencionadas en la entrevista fue Medusa. Expliqué entonces que la modelo quería que la pintara como un ser mitológico, que elegí Medusa, se lo propuse y le pareció bien. Añadí además un detalle al que concedo especial importancia: es un cuadro singular porque, hasta donde yo he encontrado, no existe en la historia del arte otra representación de Medusa en la que todas las serpientes sean distintas y, además, correspondan a especies reales.

 

Méduse de Pictor Mulier
Medusa | 60×80 cm

Esa precisión zoológica no es un capricho ornamental. Introduce una densidad particular en la imagen. Medusa ha sido, durante siglos, una figura cargada de proyecciones masculinas: monstruo, castigo, amenaza, fascinación petrificante. En mi pintura, sin dejar de ser poderosa, conserva una dimensión erótica que no excluye el misterio. Las serpientes reales refuerzan la corporeidad del mito: hacen que lo fabuloso no se aleje del mundo, sino que se adhiera a él con una extraña verosimilitud.

Lo mitológico, cuando funciona, no sirve para huir de la carne, sino para volver a ella con mayor intensidad. En Medusa, el deseo y el peligro no se contradicen. Se rozan. Se enredan. Se justifican mutuamente.

Leina y la fantasía como forma de revelación

Otra de las obras citadas fue Leina Hada de los Bosques, situada en un ámbito de fantasía. La pintura muestra a una figura femenina desnuda, con alas translúcidas, en un entorno de vegetación densa y agua, como si el cuerpo emergiera a la vez del bosque, del reflejo y de la fábula.

Leina Hada de los Bosques
Leina Hada de los Bosques | 40×60 cm

En la entrevista no desarrollé más esa obra, pero sí dije algo decisivo: cada cuadro tiene su historia. En este caso, esa historia se articula desde una imaginación feérica que no elimina el erotismo, sino que lo vuelve más sutil y más culto. La desnudez no aparece desgajada del entorno, sino integrada en una atmósfera de encantamiento. La figura no solo se exhibe: comparece.

Hay cuadros que nacen de la tensión y otros que nacen del hechizo. Leina pertenece a esta segunda estirpe. Su sensualidad no es violenta ni teatral; es envolvente. No propone una alegoría cerrada, pero sí una evidencia: que la fantasía puede ser una forma de verdad íntima.

Las bailarinas y el imaginario del aquelarre

En la entrevista hablé también de Diosas danzando que querían ser pintadas bailando como si fueran una especie de brujas en un aquelarre. La obra presenta dos cuerpos desnudos en movimiento, enlazados por una coreografía de brazos, torsos y miradas interiores, sobre un fondo cromático vibrante que intensifica la sensación de trance.

Diosas danzando por Pictor Mulier
Diosas danzando | 60×80 cm


Aquí el erotismo se desplaza hacia el ritmo, hacia la ceremonia, hacia una energía compartida.
No es el cuerpo aislado el que sostiene la imagen, sino la relación entre dos presencias que parecen invocar algo que no necesita ser explicado para sentirse. El cuadro se mueve entre la danza y el conjuro, entre la sensualidad y una forma de poder arcaico.

La referencia al aquelarre no debe leerse como folclore superficial. Hay en ella una intuición seria: la de un espacio en el que el cuerpo femenino deja de ser contemplado desde fuera para convertirse en centro activo de intensidad, deseo y metamorfosis.

Provocar o invitar a la reflexión

Una de las preguntas más directas de la entrevista fue si busco provocar al espectador o transmitir un mensaje. Mi respuesta fue clara: no busco provocar. Lo que busco es que quien vea los cuadros reflexione sobre sí mismo, sobre su sexualidad, sobre el erotismo.
Sé, por supuesto, que estas imágenes pueden resultar provocadoras. Negarlo sería ingenuo. Pero una obra puede provocar sin que la provocación sea su finalidad. En mi caso, no se trata de escandalizar, sino de abrir un espacio de conciencia. Me interesa que el espectador advierta su propia mirada, que perciba qué le atrae, qué le incomoda, qué fantasías reconoce, qué prejuicios activa, qué libertad se concede o se niega.

El erotismo, cuando merece ese nombre, no se reduce a excitación inmediata, es también una forma de conocimiento. Revela zonas del deseo, de la identidad y de la imaginación que rara vez comparecen con tanta nitidez.

Censura, recepción y lecturas de mi obra

En la entrevista expliqué que las reacciones a mi pintura han sido muy diversas. He sufrido censura con relativa frecuencia: me han cerrado perfiles en redes sociales. Pero también he recibido reacciones muy positivas, especialmente, y esto me parece significativo, por parte de muchas mujeres.
Algunas han llegado a decirme que soy un pintor feminista. No utilizo aquí esa expresión como consigna ni como etiqueta de conveniencia, sino como testimonio de una recepción concreta. Si algunas mujeres han leído así mi trabajo, es porque han percibido en él algo distinto de la explotación visual del desnudo. Han visto, quizá, que detrás de estas figuras hay una atención a la fantasía femenina, a su potencia simbólica, a su autonomía imaginaria.

La censura, en cambio, suele operar con una mirada tosca. Confunde desnudez con obscenidad, erotismo con falta de pensamiento, intensidad con amenaza. Pero el arte erótico pertenece a una tradición larga, compleja y noble. Requiere discernimiento. Y precisamente por eso sigue incomodando: porque obliga a mirar allí donde muchos preferirían simplificar.

Qué emociones espero al exponer mis cuadros

Cuando me preguntaron qué emociones espero al exponer, respondí que, más allá de la emoción estética, me gustaría que hubiera mujeres que se sintieran reflejadas en las fantasías que estoy pintando. Que pudieran pensar: no soy la única a la que le apetece ser Medusa, o ser un hada, o estar desnuda en un museo del Vaticano.
Esa respuesta contiene algo esencial de mi pintura: el deseo de reconocimiento. No me interesa únicamente que el cuadro sea admirado; me interesa que sea habitado interiormente por quien lo contempla. Que alguien se descubra en él. Que alguien advierta que su imaginación, por singular que parezca, no está sola.

El arte puede legitimar zonas secretas de la sensibilidad. Puede decir, con imágenes, lo que muchas personas no han encontrado aún modo de formular.

Planes de futuro: seguir pintando sin otra coartada que el goce

La última parte de la entrevista se dirigió hacia el porvenir. Dije entonces que mis planes pasan por seguir haciendo lo que me gusta. Y, cuando se me preguntó qué pretendía conseguir, respondí que simplemente pretendo disfrutar de lo que hago y que la gente disfrute de lo que ve. Y si no quiere disfrutar, que no mire.
No hay en esa respuesta desdén, sino una cierta ética de la libertad. Pintar, para mí, no es un programa de respetabilidad. Es una práctica vital. Una forma de fidelidad a una imaginación propia. Una disciplina del placer visual y del pensamiento propio.

Tal vez por eso mis cuadros insisten en la desnudez, en el símbolo y en la fantasía: porque ahí encuentro una verdad que no necesita justificación exterior. El arte no siempre está obligado a demostrar. A veces le basta con revelarse.

Ver la entrevista completa en YouTube



Preguntas frecuentes sobre la entrevista y la obra de Pictor Mulier

¿Qué inspira a Pictor Mulier a pintar mujeres desnudas?

Según explica en la entrevista, le inspira el deseo: el suyo y el de las propias mujeres.

¿Qué significa el cuerpo femenino en su pintura?

En su obra, cada cuerpo representa una fantasía, ya sea del propio pintor o de la modelo. Cada cuadro tiene una historia distinta.

¿Pictor Mulier busca provocar con sus cuadros?

No. Afirma que no busca provocar, aunque reconoce que sus obras pueden resultar provocadoras. Su intención es invitar a la reflexión sobre la sexualidad y el erotismo.

¿Qué reacciones ha recibido ante este tipo de pintura?

Ha recibido reacciones muy variadas: desde censura en redes sociales hasta valoraciones muy positivas, especialmente por parte de mujeres.

¿Qué espera que sienta el público ante sus cuadros?

Espera, además de una emoción estética, que algunas personas, y en particular algunas mujeres, se sientan reflejadas en las fantasías que la obra representa.

El deseo, el cuerpo femenino, el erotismo en la pintura, la censura en redes y el sentido simbólico de mis obras.