Así se titula la colección de pinturas eróticas figurativas en la que llevo meses trabajando y de la que ya tengo terminadas las seis primeras obras:
En este momento, agosto de 2026, sigo plenamente inmerso en ella. Durante los próximos meses continuaré ampliándola con nuevas piezas inspiradas en películas como Flashdance o Nueve semanas y media, además de seguir profundizando en los universos que ya han comenzado a desplegarse en torno a Bob Fosse y a sus películas Cabaret y All That Jazz.
No he concebido esta serie como un simple juego cinéfilo ni como un guiño nostálgico. La he concebido como una forma de pintura. Como una manera de tomar imágenes que ya forman parte de nuestra memoria cultural y devolverlas al mundo transformadas por el deseo, por la fantasía y por mi propio lenguaje pictórico.
Mi pintura se alimenta, ante todo, del deseo. Del mío y, muchas veces, también del de las modelos a las que pinto, tal y como explico en mi artículo sobre el deseo como fuente de inspiración artística.
Las películas que están dando origen a esta colección me han acompañado en momentos muy distintos de mi vida. Algunas las vi siendo adolescente; otras, ya en la edad adulta. Pero todas tienen algo en común: despertaron mi deseo. A veces por lo que mostraban con claridad en la pantalla. Otras veces, y quizá de una forma todavía más poderosa, por aquello que sólo sugerían y que mi imaginación completaba por su cuenta.
Eso es precisamente lo que me interesa de este homenaje erótico al cine: no reproducir una escena, sino prolongar su poder de evocación. Llevar a la pintura aquello que el cine mostró, insinuó o me empujó a fantasear.

Crecí convencido, porque así me lo dijeron, de que la versión que veíamos de Gilda estaba censurada y de que en la original Rita Hayworth se desnudaba por completo. Descubrí muy pronto que la historia era falsa. Pero su poder de evocación no desapareció. Al contrario: siguió viva en mí durante años.
Siempre me ha parecido una mentira muy bonita. Una de esas mentiras que, aunque no sean verdad, revelan algo verdadero sobre nuestra imaginación. Mi pintura nace precisamente de ahí: del deseo de dar forma visible a lo que durante tanto tiempo sólo existió como fantasía.

Cada vez que he visto esta escena absolutamente mítica de Singin’ in the Rain, y con el mayor respeto por Gene Kelly, me he hecho la misma pregunta: ¿qué ocurriría si ese mismo estallido de alegría, esa misma ilusión despreocupada y luminosa, estuviera encarnada por una mujer desnuda?
No me interesaba convertir la escena en algo cínico ni vulgar. Al contrario. Quería conservar su inocencia expansiva y desplazarla hacia una sensualidad libre, natural y desinhibida.

En este caso casi no hace falta imaginar nada, porque el universo de Cabaret ya está cargado de deseo. Es sensual, teatral, ambiguo, insolente, libérrimo y está atravesado por una energía sexual que forma parte de su propio pulso escénico.
Lo que me interesaba era apropiarme de esa atmósfera y empujarla un poco más lejos desde la pintura. No ilustrar una escena concreta, sino capturar ese clima de artificio, exhibición y libertad que convierte al cabaret en un territorio tan fértil para mi imaginario erótico.

Aquí había, además del gusto por la escena, un impulso muy concreto: quería apropiarme de la chulería masculina de John Travolta para convertirla en chulería femenina dentro de la pintura.
Y digo chulería en el mejor sentido de la palabra: como afirmación, como descaro, como soberanía corporal. Me interesaba trasladar esa energía desafiante a mis modelos, hacer que el gesto escénico dejara de pertenecer al imaginario masculino y se convirtiera en una celebración del cuerpo femenino dueño de sí mismo.

All That Jazz está atravesada por escenas de danza que irradian erotismo. Muy especialmente la secuencia de Take Off with Us / Air-otica, que ha inspirado esta primera pintura y que seguirá siendo una fuente esencial para varias de las obras que realizaré en los próximos meses.
En esta película, el deseo no aparece como un añadido: está incrustado en la coreografía, en el ritmo, en la tensión muscular, en la teatralidad, en el espectáculo mismo. Eso la convierte, para mí, en una mina inagotable de imágenes que piden ser repensadas desde la pintura.

La escena que he tomado de Pulp Fiction es, en cierto modo, uno de los pocos momentos en que la película te concede un respiro dentro de su cadena de violencia, exceso y tensión.
Quise rescatar precisamente ese instante y transformarlo en una escena algo gamberra, sí, pero también cómplice y afirmativa. Una escena en la que las modelos no sólo disfrutan de la mirada del espectador, sino también de la del público insinuado al fondo del cuadro. Ahí el erotismo se mezcla con el humor, con el juego y con la alegría de saberse observadas.
Las pinturas de Homenaje erótico a las escenas de baile más emblemáticas de la historia del cine están concebidas para que cada obra tenga su lectura individual, pero también para que, reunidas, construyan una lectura colectiva más profunda.
Esa lectura de conjunto propone una fusión entre tres artes —cine, danza y pintura— que se entrelazan para hablar de cómo el cine alimenta nuestras fantasías y despierta nuestros deseos. No siempre mediante una iconografía explícita. A veces también a través de la insinuación, del equívoco o de esa reescritura silenciosa que hacemos en nuestra mente cuando una escena nos deja deseando algo más.
Por eso esta colección no reúne simplemente seis pinturas eróticas figurativas. Reúne también un relato. Un hilo interno. Una reflexión sobre la memoria visual, sobre el deseo y sobre la capacidad de la pintura para volver corpóreo aquello que el cine dejó suspendido en nuestra imaginación.
Y precisamente por eso creo que esta serie está pensada para ser contemplada junta: porque sólo entonces despliega por completo su verdadero sentido.
Si deseas descubrir las obras ya terminadas de esta serie, puedes recorrer aquí la colección completa:
[Ver Homenaje erótico a las escenas de baile más emblemáticas de la historia del cine]
He preparado un dossier específico de esta colección para galerías, comisariado, consultoras de arte y otros profesionales del ámbito artístico.
[Descargar dossier de la colección]
¿Por qué he creado una colección de pintura erótica figurativa inspirada en escenas de baile míticas del cine?